Te echo de menos
escribo tu nombre
y rápido lo borro
Quiero verte,
escucharte,
leerte,
acariciarte,
sentirte,
reírte,
y nunca llorarte
Ojalá nos vaya bonito
juntos o no
Quiero lo mejor para los dos
juntos o no
Que sigamos creciendo
aprendiendo
viviendo
y bailando
juntos o no
Lo quiero todo para ti
lo quiero todo para mí
juntos o no
Escribo tu nombre
imagino tu carita
y los borro rápido
pensando que
ojalá todo, pero juntos
sábado, 30 de junio de 2018
sábado, 16 de junio de 2018
Estrellas
Miro las estrellas y creo que he muerto.
Al mirarlas siento que me hablan,
Se me cristalizan los ojos y las veo dobles,
Ahora ellas sólo tienen el significado que tú les dabas.
domingo, 27 de mayo de 2018
1
Nada me importaría menos
que el hecho de que llegase un nuevo día
si no fueses a estar tú
¿Qué más me daría que saliese sol,
o que entrara,
si no te fuese a ver?
¿Con qué razones me levantaría de la cama,
o entraría en ella,
si no lo hicieses tú?
que el hecho de que llegase un nuevo día
si no fueses a estar tú
¿Qué más me daría que saliese sol,
o que entrara,
si no te fuese a ver?
¿Con qué razones me levantaría de la cama,
o entraría en ella,
si no lo hicieses tú?
otra vez el amor
A veces el amor llega desde donde menos te lo esperas
y justo cuando menos lo necesitas
También existen muchos tipos de inteligencia
y la inteligencia emocional es la más discernida entre todas
La inteligencia emocional se alcanza una vez que la persona es capaz de saber qué siente, porqué lo siente, y hacia qué o quién lo siente.
Todo el mundo puede adentrarse en su propio mundo interior, hablar consigo mismo y escucharse. Quien consigue entablar una conversación con su yo real de dentro, del subconsciente, el más primario, el yo que nos habla desde la última esquina de nuestro ser y nunca nos atrevemos a escuchar porque sólo dice verdades; quien consigue hablar con él, alcanzará un estado de inteligencia emocional que le permitirá empatizar, comprender, consolar, y amoldarse con y a los sentimientos y sensaciones de los demás. Establecerá en su vida un esquema de lo que es amor, de lo que es alegría, de lo que es felicidad, de lo que es la confianza y nunca confundirá amistad con amor. También ha de haber un esquema donde los celos encabecen la lista: los celos lo controlan todo. La envidia, el rencor, el odio y los celos son los sentimientos que más daño, más muertes, más lágrimas y más noches en vela se han cobrado. Alguien que es inteligente emocionalmente no se dejará llevar por la envidia insana ni los celos y su self-confidence le permitirá vivir una vida tranquila.
Pero: ni el más inteligente es capaz de saber cómo alejar al amor.
El amor es más fuerte que cualquier tipo de inteligencia y ni la emocional ni la biológica ni la musical son suficientemente grandes para hacer del amor algo lógico, explicable, con una definición concisa y clara.
El amor existe, lo sabemos porque lo sentimos y quien no lo ha sentido todavía lo ha podido ver en los demás. No hay nadie que no haya sentido y/o visto al amor. Pero nadie sabe describirlo con certeza, nadie sabe cuándo ni por qué ni cómo llega. Y mucho menos cómo ni por qué ni cuándo se va. Hay gente que ama sin saber que está amando locamente y hay gente que aún sin amar hace cosas por amor porque cree que eso es todo a lo que debe aspirar. El amor esté o no esté presente tiene tanta fuerza que lo controla todo, al que lo siente como al que lo padece.
No existen varios tipos de amor: sólo hay uno. Hay gente que se escuda en un amor fallido o en un amor violento para justificar actos de odio. Eso no es amor. Sólo hay un tipo de amor: el que te deja sin palabras.
Cuando te pregunte qué sientes, y no sepas responder: estás amando. Y lo sabrás. Pero no sabrás decirlo.
Y quizá no quieras amar, o no quieras ser amado. A lo mejor no esperabas enamorarte o que se enamorasen de ti. Pero así es el amor: se folla a todas las ciencias y consigue que todos nos preguntemos cómo y por qué. ¿Cómo, si el ser humano lo sabe ya todo? Y ¿por qué, si el ser humano se basta solo?
Pues no tengo ni idea. En busca de la inteligencia emocional dejé de necesitar al amor para ser feliz. Y eso está bien. Pero en mitad del camino el amor me volvió a encontrar. Y no hay que asustarse. Es inofensivo. La mayoría de las veces.
y justo cuando menos lo necesitas
También existen muchos tipos de inteligencia
y la inteligencia emocional es la más discernida entre todas
La inteligencia emocional se alcanza una vez que la persona es capaz de saber qué siente, porqué lo siente, y hacia qué o quién lo siente.
Todo el mundo puede adentrarse en su propio mundo interior, hablar consigo mismo y escucharse. Quien consigue entablar una conversación con su yo real de dentro, del subconsciente, el más primario, el yo que nos habla desde la última esquina de nuestro ser y nunca nos atrevemos a escuchar porque sólo dice verdades; quien consigue hablar con él, alcanzará un estado de inteligencia emocional que le permitirá empatizar, comprender, consolar, y amoldarse con y a los sentimientos y sensaciones de los demás. Establecerá en su vida un esquema de lo que es amor, de lo que es alegría, de lo que es felicidad, de lo que es la confianza y nunca confundirá amistad con amor. También ha de haber un esquema donde los celos encabecen la lista: los celos lo controlan todo. La envidia, el rencor, el odio y los celos son los sentimientos que más daño, más muertes, más lágrimas y más noches en vela se han cobrado. Alguien que es inteligente emocionalmente no se dejará llevar por la envidia insana ni los celos y su self-confidence le permitirá vivir una vida tranquila.
Pero: ni el más inteligente es capaz de saber cómo alejar al amor.
El amor es más fuerte que cualquier tipo de inteligencia y ni la emocional ni la biológica ni la musical son suficientemente grandes para hacer del amor algo lógico, explicable, con una definición concisa y clara.
El amor existe, lo sabemos porque lo sentimos y quien no lo ha sentido todavía lo ha podido ver en los demás. No hay nadie que no haya sentido y/o visto al amor. Pero nadie sabe describirlo con certeza, nadie sabe cuándo ni por qué ni cómo llega. Y mucho menos cómo ni por qué ni cuándo se va. Hay gente que ama sin saber que está amando locamente y hay gente que aún sin amar hace cosas por amor porque cree que eso es todo a lo que debe aspirar. El amor esté o no esté presente tiene tanta fuerza que lo controla todo, al que lo siente como al que lo padece.
No existen varios tipos de amor: sólo hay uno. Hay gente que se escuda en un amor fallido o en un amor violento para justificar actos de odio. Eso no es amor. Sólo hay un tipo de amor: el que te deja sin palabras.
Cuando te pregunte qué sientes, y no sepas responder: estás amando. Y lo sabrás. Pero no sabrás decirlo.
Y quizá no quieras amar, o no quieras ser amado. A lo mejor no esperabas enamorarte o que se enamorasen de ti. Pero así es el amor: se folla a todas las ciencias y consigue que todos nos preguntemos cómo y por qué. ¿Cómo, si el ser humano lo sabe ya todo? Y ¿por qué, si el ser humano se basta solo?
Pues no tengo ni idea. En busca de la inteligencia emocional dejé de necesitar al amor para ser feliz. Y eso está bien. Pero en mitad del camino el amor me volvió a encontrar. Y no hay que asustarse. Es inofensivo. La mayoría de las veces.
martes, 10 de abril de 2018
España 2018
veo a una sociedad cada vez más concienciada
y veo a un gobierno cada vez más autoritario
veo que tienen miedo y sacarán los fusiles
veo que el quien pierde siempre es el pueblo
y veo que el gobierno se lucra de ello
les ponemos nerviosos les incomodamos les molestamos
porque saben que somos más que estamos mejor informados
pero ellos tienen las armas ellos tienen las llaves de las celdas
ellos tienen a la policía de su lado ellos lo tienen todo
y para que ellos sigan teniendolo todo
nosotros nos tendremos que quedar sin nada
veo casas en las que la comida no llega a la mesa
y veo comedores sociales que cierran
veo bancos financiados por el gobierno que en lo unico que ayudan al ciudadano es a tener un techo donde dormir en invierno
no veo un gobierno social
no veo un gobierno preocupado
no veo un gobierno
43 años después España vuelve a caer en una dictadura
y veo a un gobierno cada vez más autoritario
veo que tienen miedo y sacarán los fusiles
veo que el quien pierde siempre es el pueblo
y veo que el gobierno se lucra de ello
les ponemos nerviosos les incomodamos les molestamos
porque saben que somos más que estamos mejor informados
pero ellos tienen las armas ellos tienen las llaves de las celdas
ellos tienen a la policía de su lado ellos lo tienen todo
y para que ellos sigan teniendolo todo
nosotros nos tendremos que quedar sin nada
veo casas en las que la comida no llega a la mesa
y veo comedores sociales que cierran
veo bancos financiados por el gobierno que en lo unico que ayudan al ciudadano es a tener un techo donde dormir en invierno
no veo un gobierno social
no veo un gobierno preocupado
no veo un gobierno
43 años después España vuelve a caer en una dictadura
martes, 26 de septiembre de 2017
Miedo
Últimamente tengo miedo.
Tengo miedo cuando voy por la calle de que alguien se me acerque, me robe, me pegue o me diga algo obsceno. Tengo miedo cuando cojo el coche; voy pensando en accidentes. Tengo miedo cuando salgo con mis amigos; creo que un día desaparecerán sin dar explicación, que los perderé, que se cabrearán conmigo por algo que yo no sé. Tengo también miedo cuando pienso en los animales; siempre desfavorecidos ante la raza inteligente. Tengo miedo de normal, y aunque siempre dicen que el miedo es de sabios, creo que lo único de sabios que hay en el miedo es saber controlarlo. Porque todos tenemos miedo de algo. O de todo. En todo hay algo que nos da miedo. Pero si le hiciésemos caso no haríamos nada. Y también da miedo pensar en no hacer nada para el resto de tu vida.
Entonces, ¿de dónde viene el miedo? ¿Puede ser el miedo algo racional? ¿Nos inculcan tener miedo o nacemos con él?
Por supuesto que no nacemos con miedo. Cuando nacemos, no sentimos amor, no sentimos alegría, no sentimos nada, y mucho menos miedo. No sentimos amor porque nadie nos ha amado todavía. Es importante saber que nadie puede enamorarse si no ha sido amado nunca. Porque el amor se conoce cuando tus padres te dan un beso en la frente, cuando una persona te abraza la mano entre las suyas, cuando un animal te mira con tranquilidad. Cuando nacemos tampoco sentimos alegría porque no hemos visto a nadie reír. No sabemos qué es sentirse bien ni sentirse mal hasta que nuestro cerebro interpreta la diferencia de cuando una persona ríe a cuando llora. Y, de la misma manera, no nacemos con miedo. Porque nacemos limpios, puros, intactos, inmaculados, perfectos. Es conforme vemos las imágenes de los telediarios, aunque no entendamos qué dicen, conforme nuestras abuelas nos avisan de que los coches matan, los perros muerden, los hombres roban y violan, cuando aprendemos qué es el miedo.
Está claro, no es algo innato de los humanos, sino de todos los seres vivos: ningún animal nace sintiendo nada. Una vez vi un cervatillo nacer. Me quedé escondida entre los árboles porque no la naturaleza es sabia, la madre podía hacerlo sola, y mi presencia sólo iba a asustarla y a complicar las cosas (a veces, deberíamos pensar que una ausencia da menos problemas que una ayuda). Cuando el parto hubo acabado, la madre me vio. Y huyó. Corrió, dejando a su hijo recién nacido atrás, por miedo. Pero el bebé no se inmutó cuando me acerqué a él porque acababa de nacer, no sabía el mal que hacemos las personas, no sabía porqué su madre huía, no sabía qué era tener miedo de.
Tengo miedo cuando voy por la calle de que alguien se me acerque, me robe, me pegue o me diga algo obsceno. Tengo miedo cuando cojo el coche; voy pensando en accidentes. Tengo miedo cuando salgo con mis amigos; creo que un día desaparecerán sin dar explicación, que los perderé, que se cabrearán conmigo por algo que yo no sé. Tengo también miedo cuando pienso en los animales; siempre desfavorecidos ante la raza inteligente. Tengo miedo de normal, y aunque siempre dicen que el miedo es de sabios, creo que lo único de sabios que hay en el miedo es saber controlarlo. Porque todos tenemos miedo de algo. O de todo. En todo hay algo que nos da miedo. Pero si le hiciésemos caso no haríamos nada. Y también da miedo pensar en no hacer nada para el resto de tu vida.
Entonces, ¿de dónde viene el miedo? ¿Puede ser el miedo algo racional? ¿Nos inculcan tener miedo o nacemos con él?
Por supuesto que no nacemos con miedo. Cuando nacemos, no sentimos amor, no sentimos alegría, no sentimos nada, y mucho menos miedo. No sentimos amor porque nadie nos ha amado todavía. Es importante saber que nadie puede enamorarse si no ha sido amado nunca. Porque el amor se conoce cuando tus padres te dan un beso en la frente, cuando una persona te abraza la mano entre las suyas, cuando un animal te mira con tranquilidad. Cuando nacemos tampoco sentimos alegría porque no hemos visto a nadie reír. No sabemos qué es sentirse bien ni sentirse mal hasta que nuestro cerebro interpreta la diferencia de cuando una persona ríe a cuando llora. Y, de la misma manera, no nacemos con miedo. Porque nacemos limpios, puros, intactos, inmaculados, perfectos. Es conforme vemos las imágenes de los telediarios, aunque no entendamos qué dicen, conforme nuestras abuelas nos avisan de que los coches matan, los perros muerden, los hombres roban y violan, cuando aprendemos qué es el miedo.
Está claro, no es algo innato de los humanos, sino de todos los seres vivos: ningún animal nace sintiendo nada. Una vez vi un cervatillo nacer. Me quedé escondida entre los árboles porque no la naturaleza es sabia, la madre podía hacerlo sola, y mi presencia sólo iba a asustarla y a complicar las cosas (a veces, deberíamos pensar que una ausencia da menos problemas que una ayuda). Cuando el parto hubo acabado, la madre me vio. Y huyó. Corrió, dejando a su hijo recién nacido atrás, por miedo. Pero el bebé no se inmutó cuando me acerqué a él porque acababa de nacer, no sabía el mal que hacemos las personas, no sabía porqué su madre huía, no sabía qué era tener miedo de.
Así pues, el miedo lo adquirimos al vivir. Vamos aprendiendo poco a poco lo que es temer a algo o a alguien. Día a día, una cosa nueva nos asusta. Al principio nos asustará el coco, o el dentista. Luego nos asustará que nuestros padres descubran algo malo que hemos hecho. Más tarde, temeremos a los niños que nos esperan en el instituto, a los profesores, a las calificaciones, y al sistema educativo en general. Cuando seamos más mayores aún, nos cagaremos las patas abajo cuando pensemos en el paro y en seguir viviendo en casa de papá y mamá a los cuarenta. Miedos rutinarios. Miedos impuestos, miedos hereditarios, miedos pequeños al fin y al cabo. Pero no el tipo de miedo del que yo hablo.
El tipo de temor al que le dedico estas palabras es a los miedos pequeños. A los que no son razonados. Ese miedo que tenemos y no lo sabemos hasta que salta la chispa que lo hace arder. Un tipo de miedo pequeño, diminuto, y por consecuencia, más difícil de combatir. El miedo del que yo hablo es el miedo a que alguien te mire por la calle y no sepas porqué. El tipo de miedo que nos negamos a asumir que existe en nuestro interior, que de cara al público hemos aprendido a ocultarlo. Pero que está. El miedo irracional a no saber en qué piensa otra persona. El cabrón, hijo de puta, que nos hace quedarnos sentados y callados ante una situación injusta. Un temor que no sabemos de dónde viene, por qué lo tenemos y cómo deshacernos de él, y que nos hace perder miles de oportunidades.
Todos tenemos esos miedos. Y todo viene del después de la tormenta llega la calma. ¿Se supone que debería tranquilizarnos? Nos hace tener miedo de la calma, porque sabemos que para mantenerla, habrá que pasar otra tormenta... El mayor ejemplo que se me ocurre, es que no habrá amor sin corazón roto, y por ello tememos enamorarnos.
Miedos pequeños. Miedos irracionales. Y miedos inútiles. Pero miedos irremediables...
miércoles, 9 de agosto de 2017
Vida
La vida es instante
y se me va
¿Acaso la vida
es menos vida
cando no hay amor?
¿Es el amor
quien la vida nos da
o es la vida
la que conlleva amor?
Se nace amando
antes que viviendo
Y no será posible
vivir sin amar
y es amando
como la vida damos
El mundo sigue girando
y sólo pienso
en quedarme de tu mano
viviendo,
cayendo,
amando.
y se me va
¿Acaso la vida
es menos vida
cando no hay amor?
¿Es el amor
quien la vida nos da
o es la vida
la que conlleva amor?
Se nace amando
antes que viviendo
Y no será posible
vivir sin amar
y es amando
como la vida damos
El mundo sigue girando
y sólo pienso
en quedarme de tu mano
viviendo,
cayendo,
amando.
Buenos días
¿Buenos días?
Buenos días fueron ayer
y buenos días serán mañana
porque buenos días son cuando te veo
y cuando de lejos oigo tu corazón latir
Madre mía, ¿y qué decir?
Tu risa hace resucitar
a las mariposas que murieron hace años
y tengo que apretar fuerte los labios
para que lo que me da vida
no se me escape
Que yo sé que tú ya no piensas en mí,
que no es a mí a quien miras,
que no soy yo de quien hablas,
pero sin decir nada, amor,
eres tú quien me da los buenos días
He rescatado una libreta del 2014 donde escribía poemas como éste. He tenido muchos meses de delirio mental, desenfreno cannábico y vacío poético. Ya escribí sobre él, pero lo vuelvo a repetir: a mi duende lo mató bachiller. Niños, haced caso a vuestras madres y profesoras: hay que leer. La lectura me ha devuelto a la vida. Porque leer lleva a escribir y escribir es lo que me mantiene sana. A mí y a otros locos. Stephen King nunca falla, pero recomiendo también leerse a uno mismo en el pasado. A veces, no hay mayor inspiración que uno mismo... Buenos días a mi yo del dos mil catorce, tres años de sueño intranquilo después.
Buenos días fueron ayer
y buenos días serán mañana
porque buenos días son cuando te veo
y cuando de lejos oigo tu corazón latir
Madre mía, ¿y qué decir?
Tu risa hace resucitar
a las mariposas que murieron hace años
y tengo que apretar fuerte los labios
para que lo que me da vida
no se me escape
Que yo sé que tú ya no piensas en mí,
que no es a mí a quien miras,
que no soy yo de quien hablas,
pero sin decir nada, amor,
eres tú quien me da los buenos días
He rescatado una libreta del 2014 donde escribía poemas como éste. He tenido muchos meses de delirio mental, desenfreno cannábico y vacío poético. Ya escribí sobre él, pero lo vuelvo a repetir: a mi duende lo mató bachiller. Niños, haced caso a vuestras madres y profesoras: hay que leer. La lectura me ha devuelto a la vida. Porque leer lleva a escribir y escribir es lo que me mantiene sana. A mí y a otros locos. Stephen King nunca falla, pero recomiendo también leerse a uno mismo en el pasado. A veces, no hay mayor inspiración que uno mismo... Buenos días a mi yo del dos mil catorce, tres años de sueño intranquilo después.
domingo, 6 de agosto de 2017
Hiroshima
Hoy,
setenta y dos años después
de que Estados Unidos
lanzara la primera bomba atómica,
he soñado contigo.
He soñado con tu sonrisa,
he soñado con tus manos.
He soñado con tu risa,
he soñado con tus caricias.
He soñado con tus ojos,
he soñado con tu pelo.
He soñado con tu mirada,
he soñado que me querías...
Tú,
como una arma de destrucción masiva,
y yo,
como Hiroshima.
setenta y dos años después
de que Estados Unidos
lanzara la primera bomba atómica,
he soñado contigo.
He soñado con tu sonrisa,
he soñado con tus manos.
He soñado con tu risa,
he soñado con tus caricias.
He soñado con tus ojos,
he soñado con tu pelo.
He soñado con tu mirada,
he soñado que me querías...
Tú,
como una arma de destrucción masiva,
y yo,
como Hiroshima.
lunes, 5 de junio de 2017
Parches
Todos hemos intentado poner un parche en algún agujerito que se nos ha abierto en el corazón.
Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido fugas de aire, agua y amor resoplando, llorando y queriendo a quien no amábamos.
Todos hemos necesitado de una tirita, una venda, un tope, un beso que nos curase la grieta que se abría y se abría y nos partía en dos.
Pero nadie lo hemos encontrado.
Nadie ha conseguido que nada tape la fuga, que la grieta no se agrande cuanto más intentas hacerla desaparecer; nadie ha conseguido que el corazón lata como antes.
Porque es imposible. No se puede.
Y fin.
Nos quedamos así, rotos, partidos en dos, ahogándonos en la falta de oxígeno y sin lágrimas.
Pero andamos como si nada. "La vida sigue", te dicen. Y claro que sigue... Y tú sigues, y tu familia sigue, y todo sigue... Pero ya no sigue igual. El mundo ahora gira distinto, la lluvia huele diferente, el sol ya no brilla en su justa medida y la sombra del árbol no te cobija.
Ya, nada.
Porque por muchos parches, por mucho parche sobre parche... El agujerito sólo se agranda.
Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido fugas de aire, agua y amor resoplando, llorando y queriendo a quien no amábamos.
Todos hemos necesitado de una tirita, una venda, un tope, un beso que nos curase la grieta que se abría y se abría y nos partía en dos.
Pero nadie lo hemos encontrado.
Nadie ha conseguido que nada tape la fuga, que la grieta no se agrande cuanto más intentas hacerla desaparecer; nadie ha conseguido que el corazón lata como antes.
Porque es imposible. No se puede.
Y fin.
Nos quedamos así, rotos, partidos en dos, ahogándonos en la falta de oxígeno y sin lágrimas.
Pero andamos como si nada. "La vida sigue", te dicen. Y claro que sigue... Y tú sigues, y tu familia sigue, y todo sigue... Pero ya no sigue igual. El mundo ahora gira distinto, la lluvia huele diferente, el sol ya no brilla en su justa medida y la sombra del árbol no te cobija.
Ya, nada.
Porque por muchos parches, por mucho parche sobre parche... El agujerito sólo se agranda.
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