lunes, 30 de diciembre de 2013

Jolene

Cuando no conoces el sentido que tiene tu existencia, andas sin rumbo. Si no sabes el por qué de levantarse cada mañana temprano, avanzas a rastras. En el momento en el que dudes de quién tienes a tu lado, ya estás caminando solo. Cuando tienes que pensar si reírte o comentar; si no sabes cuál es la moraleja del libro que más te gustó; en el momento en el que ensayas encerrada como si la vida fuese un teatro, entonces, te has perdido. No adelantas nada, caminando sólo en círculos; viendo una y otra vez el mismo paisaje sin disfrutar nada de él. Tus pies se vuelven automáticos y ya ni siquiera tienes que pensar. La rutina te programa y en tu cabeza suena another brick in the wall.  ¿Qué se siente entonces?

Deseabas que el mundo parase de golpe y aquellos que a ti te sobraban desapareciesen en una inmensidad que tú no conocieses. Querías que el final llegase ya y como fuese. Te daban igual los cambios radicales, no te importaban los daños colaterales... Pero te olvidaste de buscar tu propio refugio. No pensaste que alguna que otra bomba también te explotaría a ti y andabas vestida de gala, con la gran sonrisa en la cara. Y entonces ves a las que fueron tus víctimas, recuperados de tu ataque, con nueva vida. Miras a las personas que echaste de tu camino pasar por el camino de al lado, paralelo al tuyo, y ahora son ellos quienes tienen la sonrisa. Ellos aceptaron la derrota pero tú te quedaste en mitad. Ni siquiera llegaste a ganar. ¿Qué se siente entonces?

No distingo lo que siento. Dudo de si es aburrimiento o confusión. ¿Qué es peor, la tristeza o la indiferencia? ¿De verdad es mejor haber sufrido por amor que no haber amado nunca? ¿Cómo sabes si era amor? En el momento en el que el indiferente se ve afectado por la indiferencia del otro, ¿qué pasas a sentir? Al no saber qué siento, digo que no siento nada. Pero, ¿qué duele más? ¿Los daños o el no sentirlos?


martes, 17 de diciembre de 2013

Où?

Tu as toujour dit que l'amour n'est pas pour toi,
tu as toujour dit que tu es très bien étant seul;

mais je sentais pas ça quand je te regardais,
ce n'était pas ça ce que tes yeux me disent

et dis moi,
pourquoi tu as caché ton coeur?

et dis moi,
où, où est ton coeur caché?


jueves, 28 de noviembre de 2013

Para nadie

¿A qué vienes, frío?
¿A qué vienes, muchacho?
¿No vendréis buscando el amor?

¿A qué vienes, calor?
¿A qué vienes, muchacho?
Si sabéis que el amor se me perdió.

Y si venís a matarme tomen velocidad,
tal y como haría un buen escritor,
corriendo y sin pensar.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Mientras te esperaba

Voy a escribir un puñado pequeño de versos
pensados a mala gana
sólo para calentar mis manos,
para que mis dedos no se caigan
en gracia de este frío invernal
que viene y va haciéndote honor.

A veces eso pasa,
que es el hielo más frío
el que te llega a quemar;
que es la primavera más colorida
la que hace un otoño más triste;
que cuanta más gente hay,
más solo te llegas a encontrar...

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Levántate y anda

Podría escribirte una vez si no quisieras que hubiese una segunda,
así intentando imitar a lo que llaman poesía para hablarte,
contarte, comentarte, llamarte la atención y pedirte un poco de tu
seria, calmada, templada y apreciada compañía.

Sabes ya cómo funcionamos, tratando de vernos de tanto en tanto
para nunca olvidarnos, clavando noches en nuestra memoria,
no dejando pasar el tiempo en vano, limitando quizá demasiado
nuestra presencia y alzando nuestra frente bien alto.

Podríamos ser lo más odiados desde una punta a otra,
¡¿y por qué no?! me arriesgaré a decir que eso ya lo conseguimos.
Tú, ella, y yo; vosotros y yo; nosotras y tú; un pequeño nosotros
en el que no cabría nadie más en el caso de que alguien quisiese caber.

Ella sabe que no es nadie, que no es nada, que no será más esa mujer
imposible, perfecta y simplemente deseada sin alguien que la saque
del pozo donde yace, sin aquel que la pueda entonar con su voz
seria, calmada, templada y apreciada por algún otro oído que sepa escuchar.

Y esa voz eres tú, ella es nuestra poesía y yo... Yo sólo soy un afortunada.

jueves, 31 de octubre de 2013

El Romanticismo en el MMXIII

Puedo tener una hoja en blanco pero no pueden esperar que la convierta en arte. Una hoja quiere poesía, quiere secretos y muchos, muchos sentimientos... Y yo ahora no puedo darle casi nada. Quisiera viajar para conocer lugares y enamorarme para conocer gente. Querría pasear por la Sevilla del río y zapatear lo que me cante el cabrero, pero apenas puedo hacer nada. Quisiera escribirte tal cosa que jamás pudieses olvidarla. Querría hacer algo que no me dejaran olvidar... ¿Y si ahora que no hago nada, y si ahora que todo me viene mal, y si ahora que quiero no ser olvidada... Hiciese una revolución?


Para hacer una revolución,
primero,
hay que tener un alma rebelde. 
Para tener un alma rebelde,
primero,
hay que amar la libertad. 
Para amar la libertad,
primero, 
hay que saber cómo duele el amor
y segundo,
saber cuánto placer da ser odiado.
Para hacer una revolución habrá que escribir sin ninguna medida métrica,
para ser un revolucionario tendrás que hacer 
algo que nunca nadie haya hecho,
que alguien jamás haya llegado a pensar.


Ya sabéis cómo va esto. Burlar la ley. Ser punk y sólo escuchar rock. Despertarse temprano para demostrar cada mañana que a quien madruga Dios no le ayuda y por qué será oh Dios mío que dejas morir a tantos pobres niños... ¡Rebénlense y hagan ver a sus prójimos que se puede ser un delincuente, un ladrón de carteras (o de corazones) y no ser mala gente! ¡Que alguien les diga que nuestras meadas son las que riegan la hierba que en sus jardines crece!


Para hacer una revolución,
primero,
hay que saber gritar. 
Porque no por hablar en un tono normal y usar tecnicismos se lleva razón,
¡pero no estropeemos el silencio con berridos sin sentido!
Demostremos con paciencia 
y con mucha rebeldía
que somos todos unos románticos,
tan romanticistas, que aprendimos a no amar,
que sólo nos dejamos llevar, 
y por la ley de oferta y demanda... algún día todo cuadrará.





viernes, 20 de septiembre de 2013

¡A saber, a saber!
A saber qué de cosas te han contado
¡todo mentiras!
Pero a saber cuánto te has creído.
A saber por qué prefieres escuchar 
todo lo que te cuentan
sin ni siquiera conocerme. 
A saber por qué te es fácil hablar mal
y a saber cuánto mal se podría decir de ti...


mearrepientodetantoahora

martes, 17 de septiembre de 2013

a la locura

una hoja en blanco y un año por empezar
para encontrar el sentido a lo que es el alma
lo que es el tiempo y a cuánta velocidad se nos escapa
hay que ver, nunca más habrá un diecisiete de septiembre
de dos mil trece
qué lástima qué pena por lo que los tontos se alegran
con palabras se piensa con palabras se expresa
con palabras se hace la propia realidad
Y SI NO QUÉ
cuántos milenios siglos décadas
años pero y si hablamos de generaciones qué
qué de románticos hay ahora y con cuánta intensidad
con cuánto amor vivimos y cuánta pasión lo hacemos todo
todo que ya estaba hecho antes
pero ahí vamos nosotros a hacerlo mejor
o a intentarlo
y si no qué


jueves, 12 de septiembre de 2013

Las historias realmente bonitas te acompañan (siempre)

Ojalá uno pudiese vestirse de libros. De todos los libros que hubiese leído a lo largo de mi vida o a base, simplemente, de aquellos que de verdad te gustaron. Esos libros que leerías una y otra vez aún ya sabiendo el final. Espero que todo el mundo tenga un libro como ese. También se podría vestir de los libros que sean sencillos cuentos, o novelas que desde fuera parecen eternas. 
De libros de aventura se vestiría el más valiente. Libros con muchos viajes, muchos lugares, peligros, amores pasajeros, amores sinceros o, no sé, sólo aventuras de una noche. Aventuras para los más atrevidos. Para los que viven para descubrir, para los que se saben dejar llevar por la corriente...
¡Libros de acción! De enormes aviones, camiones, coches veloces y helicópteros salvavidas se vestirían las personas más intensas, a las que saben disfrutar de un nudo en el estómago, de la incertidumbre de cómo acabará. De explosiones, fuego, armas blancas, grandes saltos, tiroteos y sangre se vestirían los que amasen proteger con la vida a quien aman.
No quiere decir que a los que le guste la historia vivan en el pasado y, por defecto, no vivan el presente. Pero los libros que cuentan qué pasó años, décadas, siglos atrás, serían perfectos para aquellos que supiesen valorar el esfuerzo de sus antepasados y que sepan ver los errores que se cometieron para utilizarlos como ventaja en la actualidad, qué bien falta haría...
De los libros que cuentan una historia de amor me vestiría yo. De mil historias y todas ellas serían diferentes. Pueden pasar tantas cosas en el amor que casi asusta pensarlo. Pero quién sabe, puede empezar la historia en cualquier sitio y acabarla en el mismo o mil kilómetros más allá. Puede empezar un amor verdadero, puro y sincero y acabar entre mentiras, rasguños, moratones y lágrimas. Podría empezar la historia de un amor eterno con un encuentro, una pelea, una fuerte discusión o incluso un "te odio". Porque ya se sabe lo que se dice, del amor al odio... Y viceversa. 

Hay tantas formas de amar: a base de engaños, por obligación, por presión, porque es fácil conformarse, por sumisión, por miedo... Miedo a no ser nunca más amado. Miedo a perderlo todo si no amas. Miedo a temer a la muerte si amas. O, quizás, incluso, por amor, porque sí.
Hay tanto que amar: defectos, cicatrices, álbumes, tristeza, alegría, pasados, futuros, gestos, expresiones, ideas, ideales, principios, recuerdos. 

Yo estoy tranquila. Sé que no voy a morir desnuda.







domingo, 25 de agosto de 2013

Prisas

-Su señorito ni cuenta se ha dado,
y pronto parece que se ha marchado.
Pero no llore mi señorita,
ni se ponga triste,
porque con la salida de un nuevo sol
un encuentro nacerá
hasta la salida de la luna.
Y con lástima le digo que
quizá pase rápido y fugaz,
pero que no existe nada
ni nadie mejor a quien regalarle
mi cuerpo y mi corazón, mi alma.
No se preocupe señorita,
recuerde que nos quedan muchos soles
y anocheceres por ver.
Dígame, ¿le gustaría verlos a mi lado?

-Pero usted está tan lejos.

-Llegará un día en el que
no lo esté tanto
y podremos verlos.

-Los espero.

-Los desea usted igual que yo.

-Ay, señorito.

-Señorita.